domingo 20 de noviembre de 2011

Gracias

"Je Veux d'l'amour, d'la joie, de la bonne humeur, ce n'est pas votre argent qui f'ra mon bonheur, moi j'veux crever la main sur le coeur."

Despuntando las tradiciones familiares he de decir que me llevo mucho más que nadie de esta derrota pretendida llena de flores y crespones negros coronados de lirios blancos. Tengo las ansias de parecerme minimamente; y con minimamente me conformo. Me quedan montañas de libros descubiertos que tú en persona me diste para que hiciera con ellos mi guarida, la afrenta agria de las cosas dulces, el odio en los ojos junto a la decepción, la elegancia del tabaco y su olor frente a las tapas de cuero viejo y las páginas amarillentas, algún negativo que olvidaste a modo de marcapáginas y que nunca revelaré, la saliva de las palabras clásicas envolviendo los recovecos de un presente descatalogado. Todavía guardo, aún no he usado, esa pluma de colores que ni siquiera tiene tinta. Y es que sólo tú ya sabias que iba a ser lo que soy: una filóloga de poca monta que bien podría haber sido dentista o barrendera de no ser por las tapas de cuero que me cobijaron en mi infancia: aquellos relatos llenos de vida y yo tan muerta ante ellos que no me quedó otro remedio más que aprender a luchar. Así soy yo, me conformo con luchar, con llevarte como escudo, las palabras de ánimo cubriendo las paredes vacías de poemas, las dedicatorias en la primera página de los libros de pasta blanda, las citas en latín en la cabeza cuando peleo con la traducción el día del examen. Lo normal. Sólo era una cría, sólo la más pequeña, la más inesperada y, quizás sea un efecto de la edad, la más sincera. Pero todas las niñas se hacen mujeres. Y aquí sigo yo, mirando desde el suelo la montaña de libros que sé que nunca alcanzaré, y cuidando que el tiempo nunca se lleve mis derrotas.