lunes 24 de octubre de 2011

Mi armadura hecha escombros




"No te voy a engañar, tengo poco que dar"
Y ya casi no me queda nada. Si rebusco en los bolsillos me quedan sueños, pero hay más pesadillas. Nunca quise engañarte, no tengo chaqueta y me entra el frío en los riñones, se me arruga la espalda y sólo me queda arrastarme por las piedras de algunas ciudades en las que no estuve nunca. Durante años fui guardando la risa y los retazos de odio en una maldita caja que ahora ni siquiera recuerdo donde está. Llené tu cabeza de confesiones, me quedé vacía de escombros, y los quiero. Llueve, y no tengo nada, tampoco agua de lluvia. Ha llegado el invierno casi de sopetón, cuando aún es otoño y quien lo diría. Humo. Si quieres ceniza pon la mano y recoge mis blasfemias. Todas aquellas impotencias que me socavaron, la imposibilidad de ser personas, la resignación constante, la decepción permanente. Y todos estos jodidos relatos cutres de depresión perenne que no acaban con un punto. ¿Qué más quereís de mi? Tengo poco que dar, jamás os he engañado.
¿Y quién tiene mi caja de pandora?