A vaso de tequila por juramento. Se acabó el limón y nos pasamos a la botella de al lado cuando nos cansamos de agriarnos la sed. Se nos puso el pulso en las venas, se cerraron las calles, se apagó la luna y casi por compasión se hizo de día. No eres una princesa ¿y qué más da? Al menos te merecías un dentista pero acabaste entre libros, como siempre. ¿Quien dijo que la pasión mata? La pasión revive y agoniza cuando muere, pero nunca acaba, no del todo. ¿Quieres un cigarro? No fumabas, ahora no sé que harás, ni me importa. Es el único vicio que te faltaba. La gente miraba por los cristales y no veían nada, todo lo empañaba el humo y tú seguías ahí, a ras de fuego, y nadie lo entendía. Pero daba igual. Nos olvidamos de tomar aire entre chupito y chupito y la barra empezó a cubrirse de lunas y de octubres. Un falto profeta acertó cuando desde el otro lado del bar gritó: tarde o temprano se acabarán los vasos. La gente entraba y salía. Cada cual se quiere a su manera, qué más dará. Nos ahogan las noches y el cielo se nos echa encima pero quedan bares. ¿Y qué andarás haciendo ahora? Llamame un día de estos, compro limón y sal.
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