Éramos un par de canallas dejándonos los puños en las mesas desgastadas de la facultad cuándo oíamos por undécima vez: “Eres insoportable”. Ya ves, nunca se me dio bien caer bien la gente de bien. Y aquí seguimos cabalgando por las ruinas de una Troya desgastada que huele a fracaso cuando las herraduras firmes –herejes opresores de la tímida bravura del caballo- remueven las cenizas de aquellos edificios que se erigían eternos y altivos, como si nunca fueran a pisar el suelo. Aquellos éramos nosotros, fumando a las puertas del gran edificio, temiendo entrar por si adentro encontrábamos otro desengaño. Aquellos idiotas con las manos encarnecidas, los huesos calizos rotos y la tinta aborreciendo las arrugas de la piel—caminos de la vida: caminos de gitanos hacia alguna moneda-. Éramos y seguimos siendo y muy a mi pesar siempre seremos unos inútiles que a fuerza de reescribir los mismos temas siempre acabamos por olvidarlos. Y ya no hay salvación, no hay salida para tanta ineficiencia disfrazada de una pereza vana cuyo único fruto es la oración perdida por entre el teclado que tintinea una desacompasada melodía pedante que suena a lo de siempre, a lo mismo de siempre.
.
1 comentarios:
Bueno, me tiras de las orejas, así que supongo que tendré que comentar.
No me gustan tus cosas (estaba deseando decírtelo, persona demasiado sincera xD) , pero son divertidas y amenas para leer, supongo. Y vale que no te guste lo que escribo yo porque al fin y al cabo son memeces y contradicciones más que otra cosa, pero bueno. Sigue así :)
Publicar un comentario en la entrada