Caminé por el pasillo con una falsa seguridad, miré de reojo hacia la venta y… ¡Allí volvía estar ella! Mirándome con esos ojos oscuros, llenos de odio, aquella cara pálida y su expresión de frialdad…Sentí que era hora de enfrentarla. Corrí hacia la cocina, cogí el cuchillo más grande y me dirigí con paso firme hacia la ventana. Cerré los ojos, apreté el puño y clavé el puñal en el centro de su pecho ¡Zas! ¡Zas! Se oyó un agudo grito en forma de crujido y el endemoniado cuerpo parecía fragmentarse frente a mi en mil pedazos… caí débil, vencida, triunfante, con el arma homicida entre las manos…sonaron unos pasos…iban a descubrir mi delito…
-¡Tú! ¿Pero qué has hecho? ¿Has vuelto a romper otro espejo? ¡Es que no se puede tener nada bonito en casa!
