martes 28 de abril de 2009

Vinilos

Hola amigos.

Recordarán que antes de utilizarse diversos trastos para escuchar música tales como mini cadenas, radiocasetes, walkmans, discman, e incluso llegados a este fin por el recorrido temporal, los ‘’micropequeños’’ de’’gigaalmacenamiento’’ MP3, MP4 y todos sus derivados… existían en nuestra sociedad los llamados simplemente tocadiscos.
Aquellos enormes discos de vinilo con capacidad aproximada para cuatro canciones lucían elegantes en las salas de bailes, en las casas y en los guateques. ¿Qué fue e ellos? ¿Realmente la gente se ha olvidado de su música? ¿Yacen en algún vertedero o, lo que es peor, en alguna caja abandonada en cualquier desván?
A mi me parecen muy elegantes, muy solemnes.

Hoy estuve toda la tarde organizando mis pocos vinilos. Es un lujo ver discos que salieron a la luz en 1971, 1977, 1968. Esos grandes grupos y solistas que forman parte de la cultura musical mundial.
Ningún vinilo suena igual que otro. Y su sonido no puede compararse al de los disco de hoy. Mayor calidad de sonido, pero menos alma. Porque yo creo que esos discos tenían (y tienen), si, alma.
Mi habitación esta llena de antigüedades, de cosas que los demás, habitantes de una sociedad occidental caracterizada por la prisa y la irreflexión, deshecha.
Los vinilos y los libros. Sus vinilos y sus libros. Ahora han llegado a mí, que sé apreciarlos.

Cojo un libro al azar.
La divina comedia. Primera edición 1961, enero. Segunda edición 1967, septiembre.
Otro.
Diálogo de los dioses. Primera edición 1958. Segunda edición 1954.

Estos libros Huelen a biblioteca, a usados, a guardados, a conocimiento. Sus páginas son gruesas, el papel amarillento y las cubiertas de un material semejante al cuero.

Los discos de vinilo están llenos de polvo, la figura del disco se nota en la cubierta que está medio rota y remendada.


Han aguantado los años, han envejecido dignamente, han viajado de la mano de sus dueños a destinos lejanos, han sido prestados y devueltos, han aprendido a vivir y a sobrevivir, y ahora han llegado a mí. Yo, que les devolveré la vida y les quitaré el polvo.
Yo, que leeré estos libros como lo hizo mi abuelo y padre, que escucharé los vinilos que me encantan tantas veces como lo hicieron mis primos.


Yo cuidaré de vosotras, oh preciadas pertenencias, ahora.
Aqui estoy, nostlagica de un pasado que no viví, aprendiedo de las raices de las cosas esenciales.


Es el mejor legado que me pudieron dejar.

Sus libros y su música y su vida.